lunes, 31 de diciembre de 2012

El Forastero Renegado - Los Momos De La Memez

A cada paso que damos, el mundo nos da muestras de su infinita estupidez. No hay que ser el más avispado de los mortales para percatarse de tal situación. Cada año, la televisión nos muestra una caterva de enajenados de las más variadas pelambres protagonizando las más ridículas de las situaciones. Así es que en Inglaterra, más precisamente en el condado de Gloucestershire, cientos de ingleses sudorosos ruedan por lodosos barrancos dejando su cuerpo a merced de las más diversas lesiones, todo en pos de atenazar un queso de casi cuatro kilos de peso, el cuál al girar cuesta abajo, alcanza velocidades de 100 kilómetros por hora. Viendo estos antecedentes, uno se pregunta como estos tipos llegaron a dominar medio mundo con su Imperio. Cruzando el Atlántico, en la localidad de Castrillo de Murcia, se celebra una festividad llamada ''El Colacho''. El pináculo de dicha celebración es alcanzado cuando un hombre disfrazado representando al diablo (El Colacho) salta por encima de varios grupos de bebés, los cuales están acostados sobre la misma calle por la que pasará la procesión. De este modo, los bebes quedan limpios del pecado original y ahora tendrán asegurada una vida menos propensa a los espíritus malignos. También en nuestra madre patria, es celebérrima la tradición de San Fermín, la cuál como bien sabemos, es la armonización del sadismo hacia los toros -tan propio de los españoles- y el masoquismo personal. En ella, un tropel de badulaques ataviados con los colores de la amargura intentan evitar que una torada les pise el lomo. Con semejantes tradiciones, no es de extrañar que España este como este.

En una muestra de empatia con el mundo, la ciudad de las diagonales ofrenda en las primeras horas de cada año su ritual de memez. Faraónicas construcciones con las más diversas temáticas son reducidas a un mar de escombros, en una orgía pirotécnica tendiente a obnubilar los ojos y oídos de los asistentes. Los acólitos del estruendo encuentran en la pagina del Municipio el mapa de la sandez, con el cuál se guían como sherpas en las montañas del despropósito. El dislate se ve atizado por la misma Municipalidad al garantizar, desde hace unos años, premios monetarios a los mejores diseños. Lo que antes se hacía por el orgullo de la trascendencia efímera, ahora se realiza por amor al vil metal. Para ganar los favores del peculio, los distintos aspirantes a diseñadores, arquitectos, pintores, escenógrafos y una interminable lista de etcéteras, elevaran su esmero a la estratosfera. Determinados a lograr la consecución de sus fines, en los días y semanas previas al final de año, ejércitos de infantes, púberes y adultos con Síndrome de Peter Pan asaltan las calles en busca de fondos. De este modo, el cuadrilátero platense ve el pulular de grupos comandos, quienes munidos de sogas, logran frenar el paso de hasta el más voluminoso de los vehículos para pedir una colaboración con la cuál puedan transformar el dinero en ruinas. Los transeúntes también son abordados en pos de acrecentar las alforjas destinadas a la construcción del momo, sin embargo, un grupo queda indemne de este abordaje: los ciclistas. Las hordas de limosneros fugaces cabalgan a lomos de un concepto muy generalizado, el cuál sustenta la idea de que quién anda en bicicleta es por que no tiene dinero para comprarse un auto; por supuesto, esto genera el beneplácito de quienes surcan la ciudad en dos ruedas, al lograr evadir semejante impuesto a la necedad. Poco a poco, y conforme se acerca el fin de año, estos engendros de arquitectos y pseudo albañiles erigen construcciones dignas de respeto, así como también muchas merecedoras de risas. Ultiman detalles, y ni bien el calendario da luz a un nuevo año, reducen a un montón de escoria las múltiples horas de trabajo invertidas en la obra. Todo con una insensata sonrisa en el rostro.

Al otro día, una ciudad pletórica en basura recibe con humo y dioxinas el nuevo año. Perros estresados por la fanfarria pirotécnica de la noche anterior deambulan pasmados buscando su hogar. En la acera, el pavimento besa con sus grises y agrietados labios el rostro de un desconocido, quién reposa sobre los brazos de Morfeo tras haber sido victima de los golpes impiadosos de una velada etílica. Esquivando hipnotizantes despojos de madera y alambre fundidos en un matrimonio que supo conocer la gloria horas pasadas, los automovilistas rinden homenaje a Fangio en cada maniobra que realizan para seguir su recorrido. Apañada por febo, el edén de los sueños está convertido en cenizas. Sus ángeles huyeron por unos instantes del reino de la necedad a tomar un descanso. La sistemática rueda de la idiotez nos volverá a situar el año entrante con la misma tradición, para enseñarnos que estos rituales para algo sirven, no solamente para ofrendar vírgenes a los Dioses y circuncidar bebes a lo pavote. Ritos como este entrenan a la gente en la gimnasia de ver su trabajo condensado a la nada misma en un santiamén. Así, horas de estudio mancilladas por un dos en la libreta, un proyecto laboral rechazado por un cretino que goza de un status superior en la empresa y diversas situaciones dantescas del devenir cotidiano, serán afrontadas con una sonrisa dibujada en el rostro del mentecato. El poder domesticante de las brasas en su máximo esplendor. Agradezcamos tan candente estupidez.